Instante redondo
Vine a la playa después de un par de años. Siempre es un par…
Realmente no me gusta la playa. El sonido de las olas rompiendo me da tanta paz como el tráfico del centro un viernes a las siete de la noche.
Para ser sincera, prefiero el bosque. Nada, nadie; como dijo Elenita. El grillo filosofando durante seis horas me parece bien. Quizá porque es tan constante como los pensamientos en mi cerebro.
Siempre que vengo a la playa, una parte de mí se queda en la ciudad: relaciones medio rotas, perros tristes, tareas inconclusas, cafés pendientes o ropa sucia.
Siempre que vengo a la playa, tengo que disputarme entre la vida y la ansiedad. Tremendas inyecciones de cortisol; unas seis por hora es quizá el promedio.
¿A qué hora nos vamos?
¿Por qué no llegan los mensajes?
¿Tendré que hablar por teléfono?
¿Y qué hago con tanto tiempo libre?
¿Por qué se extraña lo que se dejó hace cinco horas?
Esta vez fue diferente;
Nada de desveladas impuestas,
Nada de expectativas en el aire,
Nada de pendientes humanos.
Las relaciones que se tienen que salvar ahora son otras:
-¿Te estás casando o divorciando?- me preguntó mi mamá.
-No, ninguna. Yo ya me bauticé- respondí.
Quizá no tiene mucho sentido. Pero realmente decidí hacer las paces con mi vida hace unos tres o cuatro años… No sé, el tiempo ahora pasa distinto.
Decidí bautizarme en agua salada a los 21. Nada de dogmas ni oficiales. Solo una concha, el océano más grande y yo. Ninguna promesa, excepto el recuerdo de Juliana Velásquez sonando un día que los colores y la profundidad regresaron a mi nervio óptico. Solo yo y el agua. Solo yo y el líquido más abundante en mi cuerpo.
Solo yo conmigo.
Solo yo, prometiéndome estar para mí.
Solo yo, dejando relaciones que me intoxicaron durante toda la vida.
Solo yo, encauzando mis ganas de explotar de amor cada que me nazca.
Solo yo, repitiendo a cada rato “la verdad nos hará libres”.
Solo yo, guiándome hacia la libertad.
Solo yo, conmigo.
Solo yo, a pesar de mí.
Solo yo, porque fui sin darme cuenta.
Hoy, el éxtasis sensorial se apoderó de mí. Es raro cómo puede carcomerte el dolor en el pecho y aún así, estardisfrutando de la arena más delgada bajo tus pies.
Saberse viva.
Vivir mientras se muere lentamente.
Morir de a poco.
Aceptar la muerte, porque se aceptó vivir.
Comentarios
Publicar un comentario