Don:
La última vez que te escribí, eran otros tiempos…
Es increíble que después de tantos años, aún pongas a trabajar mi máquina de ideas, de sentimientos.
El día se climatizó cuando al verme, con ese tono característico, dijiste ¡Hola!
-Sí, aún escribo…
Lo último que escuché salir de tu garganta fue un “gracias”.
Lo último que escuché salir de tus entrañas fue un “lo siento”.
Lo último que vi reflejándose en tus ojos, fui yo; yo completa y entera.
¡Quién lo diría! ¿No? Me pusiste un banco y yo creí que era para alcanzarte, pero tú lo pensaste para que pudiera cruzar al otro lado y al fin librarme de tantos años de tropiezos y resbalos.
Es lindo pensar que nos encontramos para que llegáramos a construir una mejor versión nuestra; de cada una.
Gracias.
Comentarios
Publicar un comentario