Camaleón

 Los estragos que suceden desde que te marchaste no puedo prevenirlos…


Quizá aparezcan como ráfagas caldosas que me ahogan inmediatamente.

Han sucedido como espasmos de dolor y berridos.

Sucederán como cascadas saladas,

mientras estemos leyendo un libro o caminando en el parque.


Me quema el llorarte.

Me ahoga el escribirte.

Me arrebata el llamarte.

Poco a poco espero que se aleje más el día que desapareciste,

así como yo el día que grité y no me oíste.

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