Mi Luna

Hola, soy yo de nuevo.

Sé que no leerás esto porque pocas veces te interesaste en leerme. Justo por eso te escribo, porque es la manera más salvaje que tengo de responderte.
No, esta no es una canción de Adele y tampoco te dedicaré más melodías. Eso, supongo, ya pasó. Ahora solo me queda hilar las sensaciones sueltas que dejaste.
Hilos rojos. ¿Sabes? Desde que te conozco, estas palabras son las más difíciles de sacar. Generalmente me salen ideas desde la espontaneidad, estas, sin embargo, están saliendo desde la desesperación. ¿Qué dirías si alguien te dice que esta es la última vez que hablarás con la persona que quieres? No te quedas dialogando 3 días, solo dices lo más superficial que hay en la fila de frases por decir.
No repetiré lo que te he dicho cientos de veces. Ni siquiera pensaré en nuestras actividades favoritas. Mucho menos usaré nuestro lenguaje común.
Muchas veces pensé en este momento. No es el punto donde una dice adiós o cuando se echa un vistazo atrás por última vez; aquí es el momento donde ya elegimos camino y simplemente caminamos. Ni siquiera podemos vernos, porque hay una pared de por medio. No podemos oírnos, porque ya estamos bastante lejos. No podemos olernos, porque el viento nos lleva en sentidos opuestos.
Te tejí una bufanda rosa. La hice justo después del día que nos hablamos por última vez. Seguro no lo recuerdas. Reescribí mi primer beso con el último nuestro; valió la pena. Cuando te vi caminando del otro lado de la banqueta, quise darte la bufanda; la llevo conmigo últimamente.
Me debes un par de canciones que nunca me cantaste. Me debes el libro que me robé de la biblioteca. Me debes la trilogía de mis películas favoritas. Me debes la visita a nuestro lugar predilecto. Me debes el viaje en góndola.

Me debes tantas cosas y aún así, ni siquiera sabrás que me las debes.
F

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